Vivimos en una sociedad avanzada, un mundo globalizado y al alcance de la mano tenemos la última tecnología. Formamos parte de un mundo digital donde lo aséptico llega a ser hasta anodino. Quizás por eso el estilo retro y lo vintage vuelven una y otra vez a recordarnos que el pasado no era así. ¿O quizás sí y nos reconforta pensar que no? Quién sabe…

Al hablar de retro no nos referimos solo al diseño y la estética pura y dura sino a elementos que se rescatan de los desvanes, trasteros y casas de las abuelas o bien se diseñan a propósito siguiendo esa estética que aporta un toque de color, de estilo, de rareza, de distinción … en fin pongan el adjetivo que cada uno quiera, el caso es que se cuelan en nuestra vida y ahí están esas cafeteras, cajas de galletas, bolsos, muebles, imágenes e iconos de épocas pasadas.

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La culpa es de la publicidad 

Pero ¿por qué reviven una y otra vez? En esto hay opiniones para todos los gustos. Responder a la pregunta de por qué se pone de moda lo retro no es fácil, quizás porque cada uno tiene su motivo individual y personal pero no hay que perder de vista que está generado a través de un pensamiento dirigido, la mayoría de las veces, por la Publicidad que de manera, consciente o inconsciente, se adentra en nuestras emociones.

Muchas de las teorías publicitarias establecen una relación directa entre el pasado y la seguridad que evoca en el consumidor. De ahí que esta emoción se aproveche en las campañas publicitarias para jugar con el lado más sensible del publico. Así contemplamos con nostalgia evocadora esos productos que nos llevan de vuelta a los orígenes, a la seguridad del pasado mediante objetos y emociones que transmiten autenticidad en un mundo tan tecnológico, virtual y poco virtual en el que lo genuino y lo original se ha diluido en la masa universal.

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De la masía a Instagram

Mirar al ayer siempre funciona y si no que se lo digan a los creadores de productos tan dispares como las pizzas con el sabor auténtico de la abuela en la masía o Instagram, la potente red social que triunfa, entre otras virtudes, por sus efectos y filtros de fotos de los ochenta.

Parece que aunque todo lo pasado no vale, en la publicidad hay unanimidad a la hora de explicar que todo aquello que nos traslada al pasado nos genera un buen rollo que nos reconforta con esa fiabilidad y tranquilidad a la que necesitamos aferrarnos. Hay explicación científica a todo esto y así lo resume Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia, al afirmar que “en un mundo electrónico, virtualizado, en el que no tenemos contacto directo sino que vemos el mundo y a las personas a través de las pantallas y se pierde el significado del placer, la intimidad y el calor humano, el cerebro nos impulsa a una mirada retrospectiva, hace que recalemos en nuestra memoria, en los sustratos básicos de la emoción, de lo que nos hace sentirnos vivos, protegidos y seguros”.

Por lo tanto parece claro que por muchos años que pasen volveremos a recrearnos en objetos y emociones del pasado que nos hagan sentir mejor. Ahora lo que está por ver es qué será retro dentro de 25 años. ¿Sugerencias?

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